Hacia una cultura
tributaria
LOS IMPUESTOS son cargas obligatorias que las personas y empresas deben pagar
al Estado para financiar la ejecución de obras de infraestructura (carreteras,
puertos, colegios, hospitales) y prestar servicios públicos de salud,
educación, defensa, programas sociales, y otros. La recaudación de tributos en
el Perú se sustenta en tres tipos de impuestos: el Impuesto a la Renta (IR); el
Impuesto General a las Ventas (IGV) y el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC).
El primero grava los ingresos de las personas naturales y jurídicas; los
dos últimos se aplican a la producción y al consumo.
Pero siempre se presentan “anomalías”: la evasión y la elusión de
impuestos, dos caminos –uno ilegal y el otro aparentemente lícito– utilizados
por algunas empresas y contribuyentes con el mismo objetivo de evitar el pago
de impuestos.
La evasión fiscal es la acción de evadir el pago de los impuestos
utilizando maniobras fraudulentas u omisivas, lo cual constituye delito de
defraudación tributaria. Consiste en ocultar ingresos, simulación o exageración
de gastos deducibles, aplicación de desgravaciones y subvenciones
injustificadas, entre otras modalidades.
Con respecto a la elusión fiscal, esta modalidad es considerada también
como un acto de defraudación fiscal, que mediante el aprovechamiento de los
vacíos legales tiene el propósito de reducir o eludir el pago de los
tributos.
Es una ventana para no cumplir con las obligaciones fiscales de manera
lícita, aunque afecta las políticas, procesos y procedimientos fiscales. Si
bien los legisladores buscan redactar las normas tributarias de manera cada vez
más precisa, siempre dejan ambigüedades que pueden ser aprovechadas por malos
contribuyentes.
Hay dos casos que sirven para ilustrar la elusión. Primero, una empresa
le ofrece un lote de pavos a una institución. Si se los vende beneficiados
(muertos, como carne) tendría que pagar IGV. Si los vende vivos, no paga.
Entonces decide vender los pavos vivos con el “servicio adicional y gratuito”
de beneficio.
En el segundo caso, una empresa quiere comprarle un local a otra para
usarlo como almacén, pero como la zonificación ha cambiado, ya no puede obtener
licencia de funcionamiento. La opción sería entonces comprar las acciones de la
empresa dueña del predio para mantener la licencia actual. Si se compra el
inmueble, el vendedor tenía que pagar el 30% de impuesto sobre el monto de la
transacción, pero como solo se compraron acciones, entonces el impuesto es de
5%.
Abogados
Se publica la ley por
la cual los Colegios de Abogados que se establecen en la República tienen el
carácter de instituciones oficiales. “Siempre que el número de inscritos en la
matrícula de un distrito judicial, expeditos para ejercer la profesión y
residentes en la capital lleguen a doce “.
Interpretando a Ataliba (2000)[1]; la cultura tributaria es el comportamiento que adoptan los contribuyentes, la manifestación frente a la administración tributaria, la forma como enfrentan los contribuyentes sus deberes y derechos frente a la administración tributaria. Es la forma de ser de los contribuyentes frente al sistema tributario. La cultura
tributaria es un proceso. Es el epílogo de un
proceso. Dicho proceso se inicia con la educación tributaria, continua
con la generación de conciencia tributaria y termina en la cultura tributaria, es decir con la
manifestación de una forma de vida frente al sistema tributario del país. No es fácil tener cultura tributaria, es mas
algunos países no logran tenerlo. La cultura tributaria es mas manifiesta en el
primer mundo. En nuestro medio la Superintendencia Nacional de Administración
Tributaria tiene un plan para la generación de cultura tributaria. Gran parte del plan ya se ha
ejecutado, con no tan buenos resultados en la manifestación de los
contribuyentes frente a los tributos. La SUNAT, tiene programas de educación tributaria con los
alumnos de primaria y secundaria; también con docentes y grupos organizados de la sociedad. Pese a este
esfuerzo no hay el efecto multiplicador en la población. Los contribuyentes
siguen eludiendo y también evadiendo.
La generación de cultura tributaria tiene una contrapartida, se ha
determinado que los contribuyentes dejarían de eludir y evadir, si el Estado utilizara correctamente sus tributos. Frente a un Estado con visos de corrupción, la generación de
cultura no avanza, se encuentra estancada. La cultura tributaria es el
corolario del desarrollo de conciencia ciudadana y tributaria en la población para el
cumplimiento voluntario de lasobligaciones tributarias. Es sensibilizar a la población para que rechace la evasión
y el contrabando. Es contribuir a la
formación en valores ciudadanos. La cultura tributaria, debe hacerse efectiva mediante la
educación formal, con convenios con Ministerio de
Educación para la inclusión de contenidos en los planes curriculares de los estudiantes de primaria, secundaria e incluso
universitaria, cursos para docentes. Réplicas en los alumnos de inicial
primaria y secundaria. También la cultura tributaria se fomenta mediante acciones directas como encuentros universitarios; Página web educativa, Actividades extracurriculares, Red de colegios, Videos tributarios, Materiales Didácticos y el fomento de Educadores Fiscales.
Interpretando a Rosasco (2007)[2]; La cultura tributaria consiste en el
nivel de conocimiento que tienen los individuos de una sociedad acerca del sistema tributario
y sus funciones. Es necesario que
todos los ciudadanos de un país posean una fuerte cultura tributaria para que
puedan comprender que los tributos son recursos que recauda el Estado en carácter de administrador, pero en realidad
esos recursos le pertenecen a la población, por lo tanto el Estado se los debe
devolver prestando servicios públicos (como por ejemplo los hospitales, colegios, etc.). La falta de cultura
tributaria lleva a la evasión. En el marco de la cultura tributaria se debe
comprender que para que el Estado pueda cumplir con su obligación
constitucional de velar por el bien común y proporcionar a la población los servicios básicos que ésta requiere, necesita de recursos que provienen
principalmente de los tributos pagados por los contribuyentes. El pago de los
tributos puede llevarse a cabo utilizando la coerción o apelando a la razón. La fuerza se manifiesta en las leyes y en su cumplimiento obligatorio, mientras que la razón sólo puede estar
dada por una Cultura Tributaria con bases sólidas. No puede obviarse que un
estímulo (o desestímulo) importante para la tributación lo constituye el manejo
ydestino de los fondos públicos, aparte de que,
para muchos ciudadanos, tributar es un acto discrecional, relacionado con su percepción positiva o negativa sobre el uso de los fondos. Uno de los objetivos de la educación fiscal debe ser, precisamente, romper ese círculo vicioso y hacer conciencia de
que la tributación no sólo es una obligación legal, sino un deber de cada persona ante la sociedad. Además, se le debe convencer de que cumplir con tal responsabilidad le confiere la autoridad moral necesaria para exigir al Estado que haga un uso correcto y transparente
de los recursos públicos. A efecto de fortalecer la cultura tributaria
(entendida ésta como el conjunto de valores, creencias y actitudes compartido por una sociedad respecto a la tributación y las leyes que la
rigen, lo que conduce al cumplimiento permanente de los deberes fiscales), se
requiere que la población obtenga conocimientos sobre el tema y comprenda la
importancia de sus responsabilidades tributarias. Esta comprensión se alimenta
de información oportuna y de formación adecuada, las cuales deben conducir hacia la
aceptación, derivada de la concienciación. Ésta es indispensable para lograr
una recaudación firme y sostenible en el mediano y largo plazos, de manera que
también sea posible cumplir los acuerdos de paz y los compromisos del pacto
fiscal. Los ejes centrales para la promoción de la cultura tributaria son la información, la formación y la
concienciación, los cuales se articulan en torno a la razón como móvil deseable fundamental de la acción de tributar, y se incorporan en una estrategia de comunicación. Para que el Estado
pueda cumplir con sus obligaciones, los ciudadanos, deben asumir su
responsabilidad de pagar tributos porque, al hacerlo, cumplen con el país.
Interpretando a Villegas (2000)[3]; la cultura tributaria debe verse
como un conjunto de condiciones de creación y recepción de mensajes y de
significaciones mediante los cuales el individuo se apropia de las formas que le permiten estructurar su lenguaje y su visión de mundo. Por esta razón, tiene un doble rol en la
estructuración de los sistemas sociales y de las lógicas institucionales, pues ofrece representaciones
generales que sirven como instrumentos de interpretación (códigos) para todos los temas relacionados con la agenda pública o la
vida político-institucional. Hay una cultura político-institucional que tiene
que ver con la forma en que los ciudadanos incorporan una visión determinada de la administración de lo público y del compromiso y la solidaridad nacionales. Esta cultura enmarca la representación de las leyes en las
actividades sociales y en los usos de las instituciones y permite tener conciencia de su significación y la necesidad de
incluirlas en las prácticas sociales.
La cultura tributaria, entendida como el conjunto de imágenes, valores y actitudes
de los individuos sobre el tema de los tributos y el conjunto de prácticas
desarrolladas a partir de estas
representaciones, permite rehacer el marco de interpretación que ponen en juego los ciudadanos respecto a este tema en relación con las políticas oficiales. El análisis de la cultura tributaria muestra cómo los individuos incorporan una cierta visión, que sirve de referencia
para sus prácticas en el tema de los impuestos. Temas como el de la
valoración social del incumplimiento tributario responden, en gran medida, a
las representaciones colectivas en torno a la administración tributaria y al
rol del Estado y su relación con los ciudadanos, y que por lo tanto, es preciso
actuar sobre esas representaciones.
La cultura tributaria está hecha de un conjunto heterogéneo de
informaciones, prácticas y acontecimientos de referencia vinculados entre sí
por la forma en que se articulan alrededor de una representación dominante. Por
otra parte, hablar de cultura tributaria implica referirse a cómo los
ciudadanos se representan el mundo político y a cómo participan en él.
La representación social constituye el insumo básico de las
configuraciones mentales y de los procesos de (re)construcción de la cultura que guían al individuo a la hora de nombrar y definir los
diferentes aspectos de la realidad cotidiana, en el modo de ordenarla e
interpretarla y, llegado el caso, de tomar posición respecto a ella y
defenderla. Las representaciones circulan en los discursos, son llevadas por
las palabras, se trasmiten en los mensajes e imágenes mediáticas, cristalizan
en las conductas y tienen como referencia un determinado espacio sociocultural
y político. Las representaciones sociales son categorías aprendidas, en donde
el individuo ubica la información recibida; a través de ellas, se interpreta a
sí mismo e interpreta el mundo circundante. Están constituidas por definiciones
tomadas de la cultura, que le permiten al sujeto clasificar y asignar
significado a las múltiples percepciones, sensaciones e interacciones de la
vida diaria. El análisis de las representaciones sociales implica tres
dimensiones: los elementos de información de los que disponen los individuos a
propósito del objeto de representación; la jerarquización y la organización de esos elementos en un campo de representación y sus actitudes respecto
al objeto de la representación.
